Millones de Charlas por Día, Pero…

¿SON EFECTIVAS TUS PRESENTACIONES?

Jamás olvidaré cuando, como reportero radial y televisivo, me tocó cubrir el aniversario de una importante ciudad de mi provincia.  Obviamente, como en todo acto, hubo oradores.  En este caso, solo dos (gracia a Dios); el Intendente (o Alcalde en otros países) y el Gobernador.

Hacía calor.  Primero tuvo lugar un entretenido pero interminable desfile que mantuvo a la gente muy atenta y entusiasta. Y luego, como lo indica el protocolo, los discursos.  Acá hago un paréntesis para decirte que  no me canso de recordarles a mis alumnos (profesionales,  políticos, empresarios, etc.) que «MAS VALE DAR MENOS INFORMACIÓN QUE PERDURE Y NO MÁS INFORMACIÓN QUE SE PIERDA».  Esas palabras, en buen romance, no significan otra cosa más que «cierra la boca», «lo bueno, si breve,dos veces bueno».  Dejarlos con ganas de más y no intoxicarlos con información,  datos y bla, bla, bla. Habla poco.  El día anterior me había cruzado con el Intendente (que había hecho el curso, pero creo que no leyó el manual).
-Hola Ricky, me dijo; te espero mañana.
Sabiendo que el año annterior había disertado durante cuarenta y cinco interminables minutos, me animé a decirle:
-Gracias.  Pero no olvides nuestro lema: «no más de cinco minutos, máximo siete», si no querés aburrir a tu público.
-Por supuesto, dijo, y desapareció por una puerta que daba acceso a la oficina del Gobernador.

Volvamos al momento de la charla.  El maestro de ceremonias (MC) lo anuncia con bombos y platillos. El Intendente, vamos a llamarlo Pedro, no hizo caso.  No empezó mal, pero a los cinco minutos  la gente comenzó a sentir hambre y los efectos del sol sobre sus cabezas.  Calor y hambre son dos variables nefastas para todo discurso y conducen a un estado de concentración CERO.  Pedro, creyendo que era atentamente escuchado, habló durante interminables veintiocho minutos.  Los pobladores jamás sabrán lo que dijo ni lo que quiso decir. Por fin dijo la gente, sin saber que la pedadilla no había finalizado.

Acto seguido, un MC casi derretido, anunció «la frutilla del postre»: la reflexión del Gobernador.  A esta altura de los acontecimientos, la gran mayoría de los presentes estaba pensando en sabrosos bifes de chorizo, ricas empanadas y frescas copas de vino.  Un grupo de niños jugaba ruidosamente con una pelota bajo la  sombra de dos frondosos árboles.  El resto murmuraba y no veia la hora de que eso fuese sólo un mal sueño. En lugar de usar su ingenio y ver lo que ocurría a su alrededor, el Excelentísimo Gobernador no habló durante tres minutos.  Todo lo contrario.  Quiso competir con Pedro y habló durante casi treinta y dos minutos.  Sí 32.  Tres dos.

Todos los días se brindan  en el mundo millones de charlas y conferencias.  La gran mayoría tiene un común denominador:  SONINTERMINABLESYABURRIDASYDIFÍCILESDEENTENDERPORQUE ELORADORSOLOQUIERELUCIRSE.  Por supuesto que esas charlas jamás serán recordadas.

¿Querés saber por qué son aburridas, difíciles de entender y poco recordadas?

Porque NO nos enseñaron estrategias oratorias o a preparar una buena estructura discursiva.  Ni en la escuela, ni en la universidad, ni en el trabajo.  Y si lo hicieron, nos dijeron QUÉ hacer, pero no CÓMO hacerlo.  Y allí radica la diferencia.

Todos necesitamos hablar a diario.  Por eso tenemos que estar SIEMPRE  LISTOS (como los boy scouts),  preparados para dar una disertación efectiva.

Para que una presentación sea efectiva, el orador debe hablar focalizado en su público y no en sí mismo,  en la frecuencia en la que su audiencia está sintonizada: QHPM (Que Hay Para Mí), que es el clamor de cada asistente.

No lo olvides, tu próxima charla debe ser breve y en la frecuencia QHPM.

¿Son efectivas tus presentaciones?  Hasta el siguiente post.

 

 

 

 

 

 

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